PLAN DE VIDA CRISTIANA
La vida cristiana no se improvisa.
Así como un médico necesita estudiar y hacer su residentado médico para tener experiencia sobre el cuerpo humano y las enfermedades, así como un atleta necesita disciplina y constancia para ganar la competencia, o así como un músico requiere constancia y práctica para perfeccionar su arte, también el creyente necesita un plan que le ayude a caminar con firmeza hacia Dios.
No se trata de acumular normas rígidas, sino de cultivar una relación viva y cotidiana con el Señor, que dé sentido a cada gesto, palabra y decisión.
Un Plan de Vida Cristiana es, en esencia, una guía práctica que nos recuerda que la santidad se construye día a día, en lo pequeño y lo ordinario. Es un mapa que nos orienta en medio de las distracciones del mundo, y nos ayuda a mantener el corazón en sintonía con Dios. Con él, aprendemos a integrar la oración, los sacramentos, la caridad y la vida cotidiana en un mismo camino de fidelidad.
En las siguientes líneas encontrarás pautas concretas y sencillas que pueden convertirse en hábitos transformadores: desde rezar al despertar y al acostarse, hasta participar con frecuencia en la Eucaristía, leer la Biblia, practicar obras de misericordia y vivir con alegría cada jornada.
No son reglas impositivas para cumplir por obligación, sino medios para crecer en comunión con Cristo y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. No tienes la obligación de hacerlas todas, puedes comenzar con una o dos y luego agregar más, siempre de acuerdo a tus posibilidades.
Este Plan de Vida Cristiana está pensado para acompañarte, inspirarte y recordarte que la santidad no es un ideal lejano reservado a unos pocos, sino una llamada universal que se vive en lo cotidiano: en tu hogar, en tu trabajo, en tu comunidad.
Con humildad y perseverancia, cada paso que damos nos acerca a la meta: ser hijos que viven en plena confianza y amor hacia su Padre.
La importancia del compromiso.
Un plan de vida cristiana comienza con la decisión firme de vivir cada día en presencia de Dios.
Se trata de asumir un compromiso que dé dirección a nuestra existencia; para ello, es fundamental tomar las riendas de nuestra vida, crear hábitos y encontrar tiempos para la oración al despertar y al acostarse, bendecir los alimentos, y ofrecer cada jornada al Señor como un acto de amor y confianza.
Estos pequeños gestos cotidianos nos recuerdan que nuestra vida entera pertenece a Dios.
La Palabra como alimento.
Las Sagradas Escrituras, la Biblia, es la brújula que orienta nuestro caminar; por eso, una pauta esencial es leer la Sagrada Escritura diariamente, aunque sea un breve pasaje, y meditarlo con calma.
Complementa esta práctica con la lectura de libros espirituales que fortalezcan la fe y con la participación en grupos de formación bíblica. Si no funcionan los grupos hazlo en soledad, lo importante es que la Palabra de Dios se convierta en luz para nuestras decisiones y consuelo en las dificultades.
Ten presente que no es lo mismo una Biblia católica que una protestante. Si deseas una versión fiel de la Palabra de Dios sin los cambios heréticos de Lutero ni cambios modernistas, te recomiendo la Sagrada Biblia Vulgata Latina de San Jerónimo o la Sagrada Biblia Vulgata Latina de San Felipe Scio de San Miguel.
La vida sacramental.
La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. Por ello, es indispensable participar en la Misa cada domingo y en días de precepto, y, si es posible, asistir también en días ordinarios. Además, se recomienda confesarse con frecuencia, al menos una vez al mes, y recibir la Comunión con devoción. Estas prácticas nos ayudan a mantener el corazón limpio y a crecer en unión con Cristo.
La oración constante.
La oración es el diálogo íntimo con Dios. Más allá de las oraciones básicas, conviene rezar el Santo Rosario y el Rosario de San Miguel Arcángel diariamente, preferiblemente en familia, y dedicar unos minutos a la meditación personal.
También es valioso hacer visitas al Santísimo Sacramento, aunque sean breves, y invocar al Espíritu Santo antes de cada tarea importante.
La oración transforma nuestra rutina en un encuentro continuo con el Señor.
Obras de caridad.
La fe se expresa en el amor concreto hacia los demás.
Una pauta esencial es visitar a los enfermos, acompañar a los pobres, y participar en iniciativas solidarias de la comunidad. También podemos ofrecer nuestro tiempo como voluntarios en parroquias o proyectos sociales.
Hay personas que visitan a los presos para llevarles la Palabra de Dios y donaciones de ropa, lo cual considero digno de respeto y muy valiente de su parte.
Cada acto de servicio nos recuerda que Cristo se hace presente en el prójimo y que nuestra misión es ser instrumentos de su misericordia.
La vida cotidiana santificada.
La santidad no se limita a las Parroquias y Catedrales; también se vive en lo ordinario, por eso, es importante trabajar con honestidad y excelencia, cultivar la paciencia en el hogar, y practicar la amabilidad en cada encuentro.
Se recomienda también evitar el pecado mortal con firmeza, hacer un examen de conciencia cada noche, y ofrecer pequeños sacrificios, como tender tu cama, barrer la casa, lavar los platos o renunciar a una comodidad diariamente, especialmente aquello que no te gusta hacer y ofrecerlo por intenciones concretas.
Con pequeñas acciones, lo común se convierte en camino de gracia.
Perseverancia y alegría.
Tu Plan de Vida Cristiana requiere constancia y humildad, no se trata de cumplir normas rígidas, sino de mantener una relación viva con Dios.
Conviene renovar cada día nuestro propósito de santidad, agradecer por los dones recibidos, y vivir la fe con alegría contagiosa.
Recordemos que la meta es ser la mejor versión de nosotros mismos en Cristo, y que cada paso, por pequeño que sea, nos acerca al ideal de ser santos en medio del mundo.
Si el bullicio de los grupos parroquiales no se ajusta a ti, no dudes en preferir la oración en solitario. La meta es el Cielo.
IDEAS PRÁCTICAS PARA TU PLAN DE VIDA CRISTIANA
PAUTAS BÁSICAS Y COTIDIANAS (Y LOS CONSEJOS PRÁCTICOS PARA TENER ÉXITO AL REALIZARLAS).
Rezar al despertar → Coloca una oración breve en tu mesita de noche o en la pantalla del celular para que sea lo primero que leas.
Rezar al acostarse → Hazlo como parte de tu rutina de higiene nocturna: justo después de lavarte los dientes.
Bendecir los alimentos → Usa frases cortas y espontáneas, puedes hacerlo mentalmente en silencio y persígnate, no permitas que los pensamientos de vergüenza por estar en público te lo impidan.
Ofrecer la jornada a Dios → Antes de abrir tu correo o agenda, dedica un minuto a ofrecer tus trabajos y acciones del día a Dios. Si lo deseas puedes llevar un Diario Católico y anotar ahí tus pensamientos e ideas.
Leer la Biblia diariamente → Asocia la lectura con un hábito fijo (ejemplo: después del desayuno o en el bus de ida al trabajo o de regreso a casa) para que sea automático. Te recomiendo un Plan de Lectura de la Biblia para que distribuyas todo su contenido a lo largo de un año.
Leer libros espirituales con frecuencia → Lleva siempre uno en tu bolso o en formato digital para aprovechar tiempos muertos.
Participar en grupos de formación bíblica → Agenda las reuniones como “citas inamovibles” en tu calendario digital o agenda para que no dejes de asistir. Recuerda que es una experiencia y debes valorar si te resultó edificante o no. Siempre puedes encontrar personas con las cuales congeniar para hacer tu propio grupo, si otros no resultan. Lo importante es que no te desanimes.
Asistir a Misa cada domingo y en días de precepto → Planifica tu semana alrededor de la Misa, no al revés. El domingo es el día de guardar, la misa del sábado no reemplaza a la del domingo. No dejes de asistir a misa los días domingos, lo manda el tercer mandamiento de Dios.
Ir a Misa también en días ordinarios → Escoge un día fijo (ejemplo: miércoles) y conviértelo en tu “día extra de encuentro con Dios”, además del domingo. Si logras encontrar tiempo para ir a misa diaria mucho mejor para ti.
Confesarse al menos una vez al mes → Marca la fecha en tu calendario y trátala como una cita médica indispensable.
Recibir la Comunión con devoción → Haz una breve oración de preparación antes de ir a la fila para recibir la comunión. Luego de recibirla reza el Alma de Cristo.
Rezar el Santo Rosario diariamente → Rezar el Santo Rosario toma exactamente media hora meditando brevemente casa misterio. Si te cuesta trabajo rezar el Santo Rosario o el trabajo o los estudios no te dan esta media hora, divide el Santo Rosario en partes: una decena al levantarte, otra en la mañana, otra en la tarde, otra en la noche y la última decena al acostarte. También puedes ayudarte a rezar con audios en tu celular o reproductor de música, hazlo con audífonos y concéntrate. Puedes ayudarte con tarjetas de imágenes de cada misterio para mejor concentración o rezar delante de una imagen de la Virgen María. A veces, rezar en grupo es fácil, puedes intentarlo.
Visitar al Santísimo Sacramento con frecuencia → Aprovecha trayectos cercanos y busca capillas en tu camino habitual al trabajo o cerca de tu universidad o de casa. Recuerda que en todas las parroquias los días jueves son Jueves Eucarísticos y la mayoría tiene exposición del Santísimo Sacramento desde la mañana hasta la tardes, poco antes de comenzar la Santa Misa de la noche.
Invocar al Espíritu Santo antes de tareas importantes → Pon un recordatorio en tu celular con una jaculatoria breve para que te acostumbres a invocarlo siempre antes de cada acción del día.
Reza tres Ave María cuando veas la imagen de la Santísima Virgen en parques o plazuelas → Si tienes tiempo, detente un momento para saludar a la Santísima Virgen María con tres Ave María y ofrécelo por las intenciones de la Santísima Virgen que ella sabe lo que mejor te conviene a ti y al mundo. No permitas que los pensamientos de vergüenza por estar en público te lo impidan. Tampoco permitas que personas que no son católicas te detengan, rezar las Tres Ave María es una devoción que los santos que hoy están en los altares practicaron.
Realizar un retiro espiritual mensual → Contacta centros espirituales o congregaciones que ofrezcan jornadas de silencio y oración. Hay muchas parroquias y órdenes religiosas que realizan retiros espirituales cada cierto tiempo. Debes comprender que no es un paseo campestre, estás yendo a un lugar para retirarte del mundo y encontrarte con Dios, con personas con la misma intención. Por este motivo, debes ser respetuoso cuando estés en el retiro espiritual y seguir las indicaciones que te den, especialmente si llevas niños pequeños. Reserva el día en tu agenda con antelación y evita compromisos sociales ese día.
Practicar obras de caridad → Escoge una obra fija (ejemplo: visitar un enfermo cada mes) y conviértela en hábito. Únete a una pastoral social o voluntariado parroquial para mantener constancia y compromiso.
Hacer examen de conciencia cada noche → Usa un diario espiritual con tres preguntas: ¿qué hice bien?, ¿qué fallé?, ¿qué mejoraré mañana? Si lo escribes diariamente te puedes sorprender del resultado final luego de un año.
PAUTAS MÁS PROFUNDAS Y EXIGENTES (Y LAS RECOMENDACIONES PARA OBTENER AYUDA Y ALCANZARLAS).
Buscar un confesor o director espiritual estable → Debes saber que encontrar un sacerdote que te comprenda no es fácil, a veces te vas a topar con algunos demasiado modernistas o incluso ecumenistas; hazle caso a tus instintos y reza al Espíritu Santo para pedir claridad en tus pensamientos. Por este motivo, primero debes rezar a tu Santo Ángel de la Guarda a diario para que te ayude a encontrar un sacerdote que te comprenda. Si el sacerdote te hace sentir confianza puedes confesarte con él siempre. Y si llegas a tener más cercanía con él, le puedes pedir que sea tu director espiritual. Aunque es importante que sepas que tener un director espiritual es un compromiso a largo plazo y debes tener el tiempo para hacer lo que él te aconseja. Si no estás preparado, puedes tomarte tu tiempo para prepararte bien mentalmente antes de buscar uno, que tampoco es obligatorio tener uno. Si puedes crecer espiritualmente en familia o conversando en soledad con Dios, eso es lo más importante.
Participar en ejercicios espirituales anuales → Inscríbete con amigos o familiares para aumentar la motivación y el compromiso. Inscríbete en casas de retiro reconocidas; muchos movimientos eclesiales organizan encuentros accesibles.
Practicar la meditación diaria → Usa un temporizador de 15 minutos para evitar distracciones y mantener constancia. Ayúdate con tu Diario Católico o un libro sobre el tema que estás meditando. Usa guías de oración ignaciana o aplicaciones cristianas que estructuren la meditación paso a paso.
Ofrecer sacrificios voluntarios → Busca acompañamiento en grupos de espiritualidad que practiquen pequeñas penitencias comunitarias. La mayoría se realizan en fechas navideñas, pero se pueden hacer obras de apoyo social en cualquier época del año en zonas de pobreza extrema.
Cultivar una virtud específica cada mes → No es difícil, tampoco imposible, solo requiere de constancia y superación. Puedes hacerlo con determinación o con el consejo de algún sacerdote, si no tienes un director espiritual. Lo importante es tener metas realistas.
Integrar la fe en la vida profesional y social → Participa en asociaciones de profesionales cristianos que promuevan ética y valores en el trabajo. Busca compañeros de trabajo y/o estudiantes católicos como tú y forma grupos católicos para organizar las fiestas católicas en tu centro de labores y/o tu centro de estudios.
Perseverar en la oración en tiempos de sequedad espiritual → A veces vas a sentir que no puedes rezar y es cuando más útil te van a ser los hábitos que hayas formado. Acostúmbrate a ellos y sigue adelante aunque sientas que no avanzas. Busca acompañamiento en comunidades de oración o grupos de intercesión que recen por ti y reza tú por ellos también.
SITUACIONES DIFÍCILES DE SUPERAR (Y LOS CONSEJOS PARA SALIR DE ELLAS SIN PERDER LA FE).
La rutina y la pereza espiritual → Cambia el lugar o la forma de tu oración para mantener frescura y motivación. También puedes cambiar las oraciones, por ejemplo: si rezas el Santo Rosario en español, inténtalo en latín. En las plataformas de video los puedes encontrar.
La falta de tiempo → Aplica la técnica de “bloques de 15 minutos”: reserva pequeños espacios diarios para Dios.
Las distracciones del mundo → Establece horarios sin pantallas y usa ese tiempo para oración o lectura espiritual.
La sequedad espiritual → Lleva un diario de gratitud: escribir tres cosas buenas cada día ayuda a mantener esperanza.
El pecado y las tentaciones → Usa la técnica de sustitución: reemplaza el hábito negativo por una acción positiva inmediata. Tu voluntad tiene que vencer al pecado, y tienes que desear no querer ofender a Dios.
La presión social o cultural → Rodéate de personas que compartan tu fe y te fortalezcan en comunidad. Los respetos humanos son aquellas circunstancias cuando hay a tu alrededor personas que no son católicas y no les agradan los rezos o imágenes católicos; recuerda que no tienes que ceder ni sacrificar tu fe por los respetos humanos. No le debes explicaciones a ninguna persona, pero responderás a Dios el día de tu juicio personal.
El orgullo y la autosuficiencia → Practica actos de humildad voluntarios, como pedir ayuda en tareas simples.
Las crisis personales → Busca apoyo en grupos de acompañamiento espiritual y combina oración con terapia psicológica si es necesario. Las redes sociales no son buenas consejeras, no intentes recibir apoyo ahí. Encuentra alguien con quien conversar que sea de ayuda real y comprenda tu fe.
La falta de coherencia → Haz un “chequeo semanal” de tus acciones: ¿reflejan lo que crees? Ajusta lo que no.
El desánimo y la inconstancia → Si no puedes hacerlo solo, usa la técnica del “compromiso público” y comparte tu meta espiritual con alguien cercano para mantenerte responsable.
Espero que este Plan de Vida Cristiana te sea útil.
Este Plan de Vida Cristiana lo he escrito con el único interés de que te ayude a crecer espiritualmente. No tienes que hacerlo todo, solo toma lo que te sirva y aplícalo en tu vida.
Practica, según tus posibilidades, las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales que son las siguientes:
Obras de Misericordia Corporales.
1) Visitar a los enfermos
2) Dar de comer al hambriento
3) Dar de beber al sediento
4) Dar posada al peregrino
5) Vestir al desnudo
6) Visitar a los presos
7) Enterrar a los difuntos
Obras de Misericordia Espirituales.
1) Enseñar al que no sabe
2) Dar buen consejo al que lo necesita
3) Corregir al que se equivoca
4) Perdonar al que nos ofende
5) Consolar al triste
6) Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
7) Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Y no olvides nunca, que en todo momento, a solas o acompañado, siempre estás en presencia de Dios. Dios lo ve todo.
Autora: Karla Rouillon Gallangos.
*•.¸..✿..¸.•*
Que Dios les conceda, a través del Arcángel San Miguel, las Gracias que necesiten.
Que Dios les conceda a todos la Gracia de una verdadera conversión y una sincera confesión.
Karla Rouillon Gallangos
Googlea “krouillong”
Encuéntrame en Facebook, Pinterest, Youtube, Instagram y Soundcloud.
*•.¸..✿..¸.•*
Ayúdame a difundir la devoción a mi Santo Patrón:
Aprende a rezar el ROSARIO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL y difúndelo para que más personas tengan su protección.
If you prefer english version please go to THE CHAPLET OF SAINT MICHAEL
En este enlace puedes rezar el Rosario de San Miguel Arcángel en LATIN
Si prefieres leerla, también puedes descargar la oración en PDF.
Descarga tu GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN y ¡Confiésate bien!
*•.¸..✿..¸.•*
Volver al ÍNDICE DEL BLOG
Salve. Si te ayudó este contenido por favor compártelo, porque hacer el bien hace bien y espero conocerte en el Cielo. Ave María Purísima, sin pecado concebida santísima, corredentora y mediadora de todas las Gracias.
*•.¸..✿..¸.•*






Comentarios
Publicar un comentario