DIOS PADRE CREADOR
Para explicar el misterio de la Santísima Trinidad, he escrito un artículo en este blog basado en la obra la Suma contra los Gentiles de Santo Tomás de Aquino, donde el santo busca demostrar la racionalidad de la fe cristiana frente a los no creyentes. En el Libro IV, dedicado a los misterios divinos, desarrolla la doctrina de la Santísima Trinidad, subrayando que se trata de un misterio inaccesible a la sola razón, pero no contrario a ella. Aclara, que es una verdad que supera a la razón humana que no puede descubrirlo por sí sola, sino que para ello necesita ser iluminada por la fe. Supera a la razón natural pero puede ser defendida filosóficamente contra objeciones.
La razón humana puede llegar a conocer la existencia de Dios y algunos atributos divinos pero no puede descubrir por sí misma que en Dios existen tres Personas distintas; por ello, la Santísima Trinidad pertenece al ámbito de las verdades reveladas, conocidas únicamente porque Dios las ha manifestado en la Escritura y en la tradición de la Iglesia Católica. Esta unidad absoluta implica que la esencia divina es radical y perfecta, sin sombra de multiplicidad interna.
A partir de esta unidad, Santo Tomás explica que la Trinidad no introduce división en la naturaleza divina. Las tres Personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— poseen plenamente la misma esencia, sin compartirla como si fuera divisible, sino siendo idéntica en cada una. La distinción entre ellas no se da por la esencia, sino por las relaciones de origen: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado como Verbo, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como Amor. Estas relaciones no afectan la simplicidad divina, porque no añaden nada a la esencia, sino que expresan modos distintos de subsistencia en la misma naturaleza. No se trata de tres dioses sino de un solo Dios en tres Personas.
De este modo, la unidad absoluta de la esencia divina es el fundamento que asegura que la Santísima Trinidad no sea triteísmo, sino comunión perfecta en un solo Dios.
Si te interesa continuar con esta explicación de Santo Tomás de Aquino, puedes continuar leyendo La Santísima Trinidad en este blog.
Ahora me voy a enfocar en la Primera Persona de la Santísima Trinidad: La Persona del Padre.
El Padre es la fuente y origen dentro de la Trinidad, es el Principio sin principio, increado pues no procede de nadie, es la Primera Persona. Su identidad se define por engendrar al Hijo.
Santo Tomás de Aquino nos recalca en la Suma contra los Gentiles que la paternidad no implica superioridad de esencia, sino relación de origen.
San Agustín de Hipona.
San Agustín de Hipona, uno de los más influyentes Padres de la Iglesia, escribió La Ciudad de Dios, una obra extensa escrita entre los años 413 y 426, en respuesta a la crisis espiritual y política que atravesaba el Imperio Romano tras el saqueo de Roma por los visigodos en el año 410.
El saqueo de Roma por los visigodos, liderados por el rey Alarico, fue un evento trascendental que, tras tres días de pillaje, rompió el aura de invencibilidad de la ciudad eterna, conmocionando al mundo y marcando un símbolo de decadencia del Imperio Romano de Occidente, aunque el poder imperial ya no residía en Roma y el Imperio tardaría en caer completamente. Los visigodos buscaban tierras y reconocimiento, y tras asedios fallidos, entraron por la Puerta Salaria, saqueando riquezas, dejando un impacto psicológico y político duradero.
En La Ciudad de Dios, San Agustín desarrolla dos conceptos o realidades que él llama la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena, y desarrolla la oposición entre la Ciudad de Dios y la Ciudad Terrena como dos modos de vivir y orientar la historia humana y contrapone estas dos “ciudades” simbólicas:
- La Ciudad de Dios, formada por quienes aman a Dios hasta el desprecio de sí mismos. Yahvé, el Dios Padre revelado por Cristo, es el fundamento de la Ciudad de Dios, donde reina la humildad y el amor a Dios.
- La Ciudad Terrena, formada por quienes aman a sí mismos hasta el desprecio de Dios. San Agustín de Hipona presenta la Ciudad Terrena como el ámbito de los hombres que viven según la carne, dominados por el orgullo y el amor desordenado de sí mismos. San Agustín destaca que la Ciudad Terrena se construye sobre la autosuficiencia humana y la idolatría, siendo la Ciudad Terrena un símbolo de la resistencia contra la paternidad divina.
En esta obra monumental de 22 libros (capítulos extensos), San Agustín desarrolla una visión teológica de la historia, en la que Yahvé, el Dios Padre revelado por Cristo, aparece como el único Señor que guía los destinos humanos hacia la salvación, y que la historia humana no es un conjunto de hechos aislados, sino un proceso dirigido por la providencia divina.
Yahvé como Dios único y verdadero.
San Agustín insiste en que Yahvé es el único Dios verdadero, frente a los múltiples dioses del paganismo romano y subraya que el Dios que habló con Moisés y los profetas es el mismo Padre que Cristo revela en el Nuevo Testamento.
Esta continuidad entre Antiguo y Nuevo Testamento es esencial para demostrar que la fe cristiana no es una ruptura, sino la plenitud de la revelación divina.
Yahvé es el “Yo soy”, el eterno, que trasciende el tiempo y la creación.
El Dios que guía la historia.
En La Ciudad de Dios, San Agustín presenta a Yahvé como el soberano que dirige la historia humana hacia un fin último: la salvación.
Yahvé, como Padre, permite que las naciones experimenten pruebas y crisis para conducirlas hacia la verdad; es así que, la historia se convierte en un escenario pedagógico donde Dios enseña y corrige, preparando a la humanidad para la Ciudad Celestial.
San Agustín recuerda que Yahvé se manifestó primero al pueblo de Israel, estableciendo una alianza que se cumple en Cristo. Los relatos del Éxodo, la Ley dada a Moisés y las palabras de los profetas son vistos como anticipaciones de la revelación plena del Padre en el Hijo.
Para San Agustín, esta continuidad muestra que el Dios Padre no es un ser lejano, sino un Dios cercano que actúa en la historia concreta de los hombres, revelando su fidelidad y justicia.
San Agustín explica que Yahvé no abandona a la Ciudad Terrena, sino que la utiliza como instrumento pedagógico. Las pruebas, guerras y decadencias de los imperios son vistas como manifestaciones de la justicia divina, que corrige y orienta a los hombres hacia la verdad.
Yahvé, como Padre, permite que la Ciudad Terrena experimente la fragilidad de sus proyectos para mostrar que solo en Él se encuentra la verdadera estabilidad. De este modo, la historia de las naciones terrenas se convierte en un testimonio de la providencia divina.
Uno de los aportes más profundos de Agustín es la identificación de Yahvé con el Padre que Cristo revela en su predicación. El santo explica que el Dios que se manifestó en el Sinaí es el mismo que Jesús llama “Padre” y que invita a los hombres a reconocer como fuente de amor y misericordia.
De este modo, Yahvé no es solo legislador y juez, sino también Padre amoroso que acoge a sus hijos en la Ciudad de Dios, la comunidad eterna de los justos.
San Agustín describe a Yahvé en La Ciudad de Dios como el Dios único, eterno y providente, que guía la historia humana hacia la salvación. Es el mismo Dios que habló con Moisés y los profetas, y que Cristo revela como Padre.
Su visión ofrece una respuesta teológica a las crisis de su tiempo, mostrando que la verdadera seguridad no está en los imperios terrenales, sino en la Ciudad Celestial fundada por Dios Padre, transmitiendo una enseñanza que sigue vigente: la historia humana encuentra su sentido último en la paternidad amorosa de Yahvé.
La esperanza en la Ciudad de Dios
Finalmente, San Agustín afirma que la Ciudad Terrena, aunque poderosa en apariencia, está destinada a desaparecer, porque carece de fundamento en Yahvé.
Solo la Ciudad de Dios, edificada sobre la fe en el Padre eterno, perdura. Frente a la soberbia de la Ciudad Terrena, la Ciudad de Dios se sostiene en la humildad y en la obediencia filial a Yahvé.
San Agustín de Hipona ofrece una visión teológica en la que Dios Padre es el juez, guía y esperanza que trasciende las limitaciones de los imperios humanos.
San Ireneo de Lyon.
San Ireneo de Lyon, obispo y mártir del siglo II, fue uno de los grandes defensores de la fe cristiana frente a las herejías gnósticas. En su obra Contra las Herejías, expone con firmeza que el Yahvé del Antiguo Testamento es el mismo Padre revelado por Jesucristo en el Nuevo.
Para San Ireneo de Lyon, la unidad de Dios es esencial: no existen varias divinidades distintas, sino un único Padre que actúa con fidelidad a lo largo de la historia de la salvación. Su pensamiento se convierte en un pilar para la teología cristiana primitiva.
Yahvé es el creador de todo lo visible e invisible.
Contra las doctrinas gnósticas que despreciaban la creación material, San Ireneo de Lyon afirma que el mundo fue hecho por el Padre con bondad y sabiduría. La creación no es un error ni una obra de un dios inferior, sino el resultado del amor del Padre que da origen a la vida. De este modo, Yahvé se revela como el Padre que sostiene y ordena el universo, mostrando su poder y su providencia.
Yahvé como Padre redentor.
Además de creador, San Ireneo de Lyon presenta a Yahvé como redentor. El mismo Dios que liberó a Israel de Egipto y habló por medio de los profetas es el que envió a su Hijo Jesucristo para salvar a la humanidad.
La obra de Cristo no es independiente ni ajena al Padre, sino la expresión plena de su fidelidad y amor. Así, Yahvé se manifiesta como Padre que actúa en la historia, cumpliendo sus promesas y llevando a los hombres hacia la comunión con Él.
San Ireneo de Lyon describe a Yahvé como el único Dios Padre, creador y redentor, cuya acción se extiende desde el Antiguo Testamento hasta la plenitud revelada en Cristo.
Al rechazar las doctrinas gnósticas que separaban al “Dios del Antiguo” del “Padre del Nuevo”, Ireneo defiende la continuidad y la unidad de la revelación. Su enseñanza muestra que Yahvé es un Padre fiel, que guía la historia con amor y justicia, y que en Jesucristo ofrece la salvación definitiva a la humanidad.
San Gregorio de Nisa.
San Gregorio de Nisa, uno de los grandes teólogos capadocios del siglo IV, dedicó parte de sus homilías al Éxodo y a los Salmos para profundizar en la revelación de Dios. En estos textos, interpreta las manifestaciones de Yahvé como revelaciones progresivas del Padre, mostrando que la historia de Israel es un camino pedagógico hacia la plenitud de la fe.
Para San Gregorio de Nisa, el Dios que se manifiesta en la zarza ardiente, en la nube y en la voz de los profetas es el mismo Padre que Cristo revela en el Nuevo Testamento.
San Gregorio de Nisa subraya que las teofanías del Antiguo Testamento no son revelaciones completas, sino pasos graduales que preparan al pueblo para comprender la paternidad divina. La pedagogía de Yahvé consiste en guiar a Israel desde la esclavitud hacia la libertad, desde la ignorancia hacia la sabiduría, y desde la idolatría hacia la adoración del Dios verdadero. Es así que, cada manifestación de Yahvé, es un signo que anticipa la revelación plena del Padre en Cristo.
En sus homilías, San Gregorio de Nisa destaca que Yahvé no se presenta únicamente como legislador o juez, sino como Padre misericordioso que educa a su pueblo. La Ley dada a Moisés, los cantos de los Salmos y las intervenciones divinas en la historia son expresiones de una paternidad que corrige, instruye y acompaña.
Yahvé es el Padre que no abandona a sus hijos, sino que los conduce con paciencia hacia la comunión con Él, mostrando que la disciplina divina es siempre un acto de amor.
San Gregorio de Nisa describe a Yahvé como el Padre que se revela progresivamente en la historia de Israel, manifestando su misericordia y su pedagogía. Sus homilías sobre el Éxodo y los Salmos muestran que la relación entre Dios y su pueblo es la de un Padre que educa y guía, preparando el camino para la revelación definitiva en Cristo. De este modo, San Gregorio de Nisa ofrece una visión teológica en la que Yahvé es el Padre eterno, fuente de amor y fidelidad, que actúa en la historia para conducir a la humanidad hacia la salvación.
San Basilio Magno.
San Basilio Magno, uno de los grandes Padres Capadocios del siglo IV, escribió el Tratado Sobre el Espíritu Santo en un contexto marcado por las controversias arrianas.
En su obra, San Basilio Magno defiende la unidad y la consustancialidad de las tres personas divinas, mostrando que Yahvé es el Padre eterno, inseparable del Hijo y del Espíritu. Su reflexión busca salvaguardar la fe cristiana frente a las doctrinas que negaban la plena divinidad de Cristo y del Espíritu Santo.
San Basilio Magno subraya que Yahvé es el Padre eterno, principio sin origen, fuente de la vida divina. No es un dios aislado ni distinto del revelado por Cristo, sino el mismo Padre que engendra al Hijo y del cual procede el Espíritu. En su visión, la paternidad de Yahvé no es un atributo secundario, sino el fundamento de la comunión trinitaria y Yahvé se manifiesta como el origen de la creación y de la salvación, siempre en unidad con el Hijo y el Espíritu.
En su tratado, San Basilio Magno insiste en que la obra de Yahvé Padre no puede separarse de la acción del Hijo y del Espíritu. La creación, la redención y la santificación son actos comunes de la Trinidad, aunque cada persona tenga su modo propio de actuar.
Yahvé es el Padre que envía al Hijo y comunica el Espíritu, mostrando que la historia de la salvación es fruto de una acción conjunta.
San Basilio Magno refuerza la idea de que la unidad divina es inseparable y que la paternidad de Yahvé se expresa en la comunión trinitaria.
En conclusión, San Basilio Magno describe a Yahvé como el Padre eterno, fuente de la divinidad y principio de la unidad trinitaria. Su defensa contra las herejías arrianas muestra que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo Padre revelado por Cristo, inseparable del Hijo y del Espíritu.
San Basilio Magno ofrece una visión teológica sólida en la que Yahvé es Padre creador, redentor y santificador, cuya acción se despliega en la historia como expresión de amor y fidelidad.
Las obras de estos santos de la Iglesia Católica nos dejan en claro que en Dios existen tres Personas distintas en unidad, que las tres poseen plenamente la misma esencia, sin compartirla porque es indivisible, siendo idéntica en cada Persona de la Santísima Trinidad.
La distinción de las tres Personas no se da por la esencia sino por las relaciones de origen, el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado como Verbo, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como Amor. Estas relaciones no afectan la simplicidad divina, porque no añaden nada a la esencia, sino que expresan modos distintos de subsistencia en la misma naturaleza. No se trata de tres dioses sino de un solo Dios en tres Personas.
Esta es una verdad que la razón humana puede llegar a conocer pero no puede descubrir por sí misma sino que para ello necesita ser iluminada por la fe, y aunque esta verdad supera a la razón natural, puede ser defendida filosóficamente contra objeciones heréticas.
Dios es el Dios único, eterno y providente, que guía la historia humana hacia la salvación. Yahvé como el Padre que se revela progresivamente en la historia de Israel, manifestando su misericordia y su pedagogía.
Es el mismo Dios que habló con Moisés y los profetas, y que Cristo revela como Padre. La relación entre Dios y su pueblo es la de un Padre que educa y guía, preparando el camino para la revelación definitiva en Cristo. Yahvé es el único Dios Padre, creador y redentor, cuya acción se extiende desde el Antiguo Testamento hasta la plenitud revelada en Cristo.
Yahvé es Padre creador, redentor y santificador, cuya acción se despliega en la historia como expresión de amor y fidelidad. Yahvé es el Padre eterno, fuente de amor y fidelidad, que actúa en la historia para conducir a la humanidad hacia la salvación. La historia humana encuentra su sentido último en la paternidad amorosa de Yahvé.
ORACIONES A DIOS PADRE YAHVÉ
SALMO 103
ORACIÓN DE LIBERACIÓN A DIOS PADRE
ORACIÓN A DIOS PADRE PARA PEDIR PERDÓN Y PERDONAR
BENDECID AL SEÑOR
TARDE TE AMÉ DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA
ORACIÓN DE LIBERACIÓN A DIOS PADRE DEL PADRE GABRIEL AMORTH
ORACIÓN CONTRA EL MALEFICIO DEL PADRE GABRIELE AMORTH
ACTO DE CONSAGRACIÓN UNIVERSAL AL PADRE ETERNO DE LA SIERVA DE DIOS MADRE EUGENIA RAVASIO
CONSAGRACIÓN AL PADRE ETERNO DE LA SIERVA DE DIOS MADRE EUGENIA RAVASIO
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Que Dios les conceda a todos la Gracia de una verdadera conversión y una sincera confesión.
Karla Rouillon Gallangos
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