LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Para explicar el misterio de la Santísima Trinidad, considerando que es una verdad que supera a la razón humana que no puede descubrirlo por sí sola, sino que para ello necesita ser iluminada por la fe, me voy a ceñir al texto de la Suma contra los Gentiles de Santo Tomás de Aquino.
La Suma contra los Gentiles (1260–1264) es una obra apologética en la que Santo Tomás de Aquino busca demostrar la racionalidad de la fe cristiana frente a los no creyentes. En el Libro IV, dedicado a los misterios divinos, desarrolla la doctrina de la Santísima Trinidad, subrayando que se trata de un misterio inaccesible a la sola razón, pero no contrario a ella.
Santo Tomás de Aquino aborda el misterio de la Santísima Trinidad como una verdad revelada que supera la razón natural, pero que puede ser defendida filosóficamente contra objeciones.
Sobre la naturaleza del misterio de la Santísima Trinidad, Santo Tomás de Aquino afirma que es un misterio que no puede ser alcanzado por la sola razón natural porque, la Santísima Trinidad, como verdad revelada, supera a la razón natural del ser humano.
La razón humana puede llegar a conocer la existencia de Dios y algunos atributos divinos pero no puede descubrir por sí misma que en Dios existen tres Personas distintas; por ello, la Santísima Trinidad pertenece al ámbito de las verdades reveladas, conocidas únicamente porque Dios las ha manifestado en la Escritura y en la tradición de la Iglesia Católica.
En cuanto a la razón natural del hombre y la revelación de Dios hay que distinguir:
La razón natural del hombre puede demostrar que Dios existe, puede defender que en Dios no hay contradicción ni composición y puede mostrar que la idea de tres Personas en una sola esencia no es irracional.
La revelación divina es necesaria para conocer la Santísima Trinidad, pues nos enseña que el Padre engendra al Hijo y que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, y sin revelación, el hombre nunca habría llegado a descubrir esta verdad.
El argumento apologético.
Santo Tomás de Aquino sostiene que la fe no es irracional, aunque la Santísima Trinidad excede las capacidades de la razón natural, no la contradice, no es irracional porque se apoya en la autoridad de Dios que revela y en la coherencia interna del misterio.
En su argumento apologético, explica que la razón puede demostrar que en Dios no hay contradicción ni división de esencia, y que las procesiones divinas —el Hijo como Verbo y el Espíritu Santo como Amor— son compatibles con la simplicidad absoluta de Dios. De este modo, la fe no se opone a la razón, sino que la eleva: la razón reconoce sus límites y, lejos de anularse, se convierte en instrumento para defender la credibilidad de la revelación.
Creer en la Trinidad no es aceptar lo absurdo, sino acoger una verdad que trasciende la comprensión humana sin destruirla.
Santo Tomás de Aquino también usa analogías del alma humana (entendimiento y voluntad) para mostrar cómo puede haber "procesiones" internas en un ser absolutamente simple (Entiéndase procesión como un sustantivo que proviene del verbo proceder, “que procede de”. Se explica en el pie de página) (1).
Estas analogías no demuestran la Santísima Trinidad pero ayudan a defenderla contra objeciones y a mostrar que es coherente.
El misterio trinitario.
La finalidad de la revelación del misterio trinitario tiene un propósito que es introducirnos en la vida íntima de Dios, conocer que Dios es comunión de Personas nos permite comprender mejor el amor eterno que existe en Dios, la misión del Hijo y del Espíritu Santo en la historia de la salvación y la vocación del hombre a participar en esa comunión divina.
Entonces, el misterio de la Santísima Trinidad, según Santo Tomás de Aquino, es una verdad revelada que supera la razón natural, porque la razón no puede descubrirlo por sí sola, la revelación lo manifiesta como parte esencial de la fe cristiana y la razón, iluminada por la fe, puede mostrar que este misterio es coherente y no contradictorio, aunque permanezca inaccesible a la plena comprensión humana.
En palabras de Santo Tomás de Aquino: “Lo que es propio de la fe es que se refiere a cosas que exceden la razón humana” (Suma contra los Gentiles, IV, cap. 1).
La Unidad de Dios y distinción de las Personas.
Santo Tomás de Aquino enseña que Dios es uno y simple, lo que significa que en Dios no hay composición de partes y que su esencia es idéntica a su existencia. En su pensamiento, Dios es el ser mismo subsistente, el ipsum esse subsistens, y por ello no puede dividirse ni multiplicarse.
Esta unidad absoluta implica que todos los atributos divinos —como la eternidad, la omnipotencia, la bondad o la sabiduría— no son cualidades añadidas, sino idénticos al mismo ser de Dios. Así, la unidad de la esencia divina es radical y perfecta, sin sombra de multiplicidad interna.
A partir de esta unidad, Santo Tomás explica que la Trinidad no introduce división en la naturaleza divina. Las tres Personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— poseen plenamente la misma esencia, sin compartirla como si fuera divisible, sino siendo idéntica en cada una. La distinción entre ellas no se da por la esencia, sino por las relaciones de origen: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado como Verbo, y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como Amor. Estas relaciones no afectan la simplicidad divina, porque no añaden nada a la esencia, sino que expresan modos distintos de subsistencia en la misma naturaleza. No se trata de tres dioses sino de un solo Dios en tres Personas.
De este modo, la unidad absoluta de la esencia divina es el fundamento que asegura que la Santísima Trinidad no sea triteísmo, sino comunión perfecta en un solo Dios. La consustancialidad asegura que la esencia divina es indivisible, idéntica en cada Persona, y por ello la fe cristiana proclama que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, pero no tres dioses, sino un único Dios verdadero.
Santo Tomás de Aquino subraya que la razón puede defender esta unidad mostrando que las relaciones personales no introducen multiplicidad de esencias, sino que revelan la riqueza interna de un ser absolutamente simple y único, y nos enseña que las Personas divinas se distinguen únicamente por sus relaciones de origen, no por la esencia: El Padre, es principio sin principio, se distingue por engendrar al Hijo y su relación propia es la paternidad; el Hijo que procede del Padre por generación intelectual, como Verbo o Palabra, se distingue por la filiación y es la imagen perfecta del Padre; y, el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo por vía de amor, se distingue por la espiración o procesión amorosa. Es el vínculo de comunión entre Padre e Hijo.
Las relaciones eternas entre las Personas no son actos temporales, sino procesiones eternas en la vida íntima de Dios que no dividen la esencia porque aunque hay distinción de Personas, la esencia divina permanece indivisa.
La analogía del alma humana es una comparación que usa Santo Tomás de Aquino para ayudarnos a entender el misterio de la Santísima Trinidad. Él parte de algo que conocemos bien: cómo funciona nuestra propia alma, que tiene dos facultades principales, el entendimiento y la voluntad.
Por el lado del entendimiento, cuando pensamos en algo, producimos una “palabra interior” o concepto que no es distinta de nosotros pero procede de nuestro conocimiento.
Santo Tomás de Aquino dice que algo semejante ocurre en Dios: el Padre, al conocerse perfectamente, engendra al Hijo como Verbo eterno.
Por el lado de la voluntad, cuando amamos, surge en nosotros un movimiento interior de amor. En Dios, ese amor es perfecto y eterno, y de él procede el Espíritu Santo como Amor subsistente.
Santo Tomás de Aquino explica que la analogía del alma humana nos muestra cómo puede haber procesiones internas en un ser absolutamente simple, ayudándonos a comprender la Santísima Trinidad sin dividir la esencia divina.
La coherencia del misterio de la Santísima Trinidad, según Santo Tomás de Aquino, consiste en que aunque la existencia de tres Personas divinas en un solo Dios supera lo que la razón humana puede comprender, no implica contradicción ni absurdo. La unidad de la esencia divina permanece intacta, y las distinciones entre Padre, Hijo y Espíritu Santo se explican únicamente por sus relaciones de origen —paternidad, filiación y espiración—, sin dividir la naturaleza única de Dios. Así, el misterio es coherente porque muestra diversidad de Personas en perfecta comunión, sin multiplicar la divinidad, revelando una verdad que trasciende la razón pero que no se opone a ella.
Cuando Santo Tomás de Aquino habla de la distinción por relación y no por sustancia, quiere decir que en la Santísima Trinidad las tres Personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— no se diferencian porque tengan naturalezas distintas, ya que todos poseen la misma esencia divina, sino únicamente por cómo se relacionan entre sí. El Padre se distingue por engendrar al Hijo, el Hijo por ser engendrado como Verbo, y el Espíritu Santo por proceder del Padre y del Hijo como Amor. Estas relaciones de origen son lo que marca la diferencia entre las Personas, pero no dividen ni multiplican la sustancia única de Dios, que permanece absolutamente una.
La comunión perfecta en la Santísima Trinidad significa que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, aunque son tres Personas distintas, viven en una unión total e inseparable porque comparten la misma esencia divina. No hay división ni separación entre ellos: el Padre está plenamente en el Hijo y en el Espíritu Santo, el Hijo está plenamente en el Padre y en el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo está plenamente en el Padre y en el Hijo.
Esta mutua inhabitación, llamada circumincesión, asegura que las tres Personas son un solo Dios verdadero, en una relación eterna de conocimiento y amor que constituye la plenitud de la unidad divina.
En conclusión, Santo Tomás de Aquino nos muestra que el misterio trinitario no divide a Dios, sino que revela su riqueza interna: El Padre como principio, el Hijo como Verbo engendrado y, el Espíritu Santo como Amor procedente. Todos son un solo Dios verdadero, distintos en relación, pero idénticos en esencia.
La Santísima Trinidad es, por tanto, la comunión eterna de conocimiento y amor en la unidad divina.
En palabras de Santo Tomás: “En Dios todo es uno, salvo donde hay oposición de relación” (Suma contra los Gentiles, IV, cap. 24).
La Persona del Padre.
El Padre es la fuente y origen dentro de la Trinidad, es el Principio sin principio, increado pues no procede de nadie, es la Primera Persona. Su identidad se define por engendrar al Hijo. Santo Tomás de Aquino recalca que la paternidad no implica superioridad de esencia, sino relación de origen.
La Persona del Hijo.
El Hijo es el Verbo eterno, es la Palabra que el Padre pronuncia en su conocimiento perfecto de sí mismo, engendrado, no creado, que procede del Padre por generación intelectual, como el concepto procede del entendimiento, es la Segunda Persona. Comparte la misma esencia divina pues no es inferior ni distinto en naturaleza. Es la imagen perfecta, expresión plena del Padre.
La Persona del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el Amor subsistente que procede del Padre y del Hijo como el amor que une. Es el Don divino, la comunicación de la bondad divina hacia las criaturas, es la Tercera Persona. Su identidad se define por ser “espirado” como vínculo de amor.
Santo Tomás subraya que esta procesión no es corporal ni temporal, sino eterna y espiritual.
En conclusión, la síntesis teológica de Santo Tomás de Aquino explica pues, la unidad en la diversidad, las relaciones de las tres Personas, la defensa racional y la finalidad apologética de la coherencia interna de la fe cristiana frente a objeciones filosóficas.
La enseñanza de Santo Tomás de Aquino en la Suma contra los Gentiles sobre la Santísima Trinidad es un esfuerzo por armonizar la fe y la razón, para lograr comprender que el Padre como principio, el Hijo como Verbo engendrado y el Espíritu Santo como Amor procedente constituyen un único Dios en tres Personas.
Santo Tomás de Aquino expone este misterio con gran claridad, lo que facilita su entendimiento, pues aunque supera las posibilidades de la razón natural, se muestra como una verdad que puede ser defendida racionalmente y que guarda plena coherencia con la revelación cristiana.
Fuente: Suma contra los Gentiles – Santo Tomás de Aquino
Autora: Karla Rouillon Gallangos.
(1) Santo Tomás de Aquino usa la expresión “procesiones divinas” para referirse a los modos en que, dentro de la vida íntima de Dios, se distinguen las Personas de la Santísima Trinidad sin dividir la esencia divina.
Cuando Santo Tomás habla de procesiones divinas, se refiere a las emanaciones eternas dentro de Dios: el Hijo como Verbo engendrado por el Padre, y el Espíritu Santo como Amor procedente del Padre y del Hijo.
Las procesiones no son movimientos temporales, sino eternos y espirituales en la vida divina; no implican división ni cambio en Dios, porque la esencia divina es absolutamente simple e inmutable; son el fundamento de la distinción de Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo que se distinguen únicamente por estas relaciones de origen, y la noción de procesión permite explicar cómo hay pluralidad de Personas en la unidad de esencia, sin caer en triteísmo.
Estas procesiones explican la Santísima Trinidad como comunión de conocimiento y amor, manteniendo la unidad absoluta de la esencia divina.
Santo Tomás de Aquino explica que el sentido de las procesiones divinas es doble: intelectual y voluntario, porque se fundamenta en las dos facultades espirituales que podemos conocer en el alma humana —el entendimiento y la voluntad—, usadas como analogía para comprender el misterio trinitario.
Santo Tomás de Aquino afirma que la razón humana, por sí sola, nunca podría descubrir que en Dios existen tres Personas distintas en una sola esencia, pero sí puede demostrar que en Dios no hay contradicción ni división de naturaleza. De este modo, la fe se apoya en la revelación divina, mientras que la razón se convierte en instrumento para mostrar que la Santísima Trinidad es coherente y no absurda, pues las procesiones del Verbo y del Amor pueden entenderse como compatibles con la simplicidad absoluta de Dios.
El argumento apologético de Santo Tomás de Aquino se centra en que la fe no destruye la razón, sino que la eleva. La razón reconoce sus límites y, al hacerlo, se abre a la luz de la revelación, que le muestra una verdad más alta.
Creer en la Santísima Trinidad no significa aceptar lo contradictorio, sino acoger un misterio que trasciende la comprensión humana sin oponerse a ella. Así, la fe y la razón se complementan: la fe ilumina lo que la razón no alcanza, y la razón defiende la credibilidad de lo que la fe revela.
El sentido de las procesiones es intelectual y voluntario, porque el Hijo procede como Verbo del entendimiento divino, y el Espíritu Santo procede como Amor de la voluntad divina.
*•.¸..✿..¸.•*
Que Dios les conceda, a través del Arcángel San Miguel, las Gracias que necesiten.
Que Dios les conceda a todos la Gracia de una verdadera conversión y una sincera confesión.
Karla Rouillon Gallangos
Googlea “krouillong”
Encuéntrame en Facebook, Pinterest, Youtube, Instagram y Soundcloud.
*•.¸..✿..¸.•*
Ayúdame a difundir la devoción a mi Santo Patrón:
Aprende a rezar el ROSARIO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL y difúndelo para que más personas tengan su protección.
If you prefer english version please go to THE CHAPLET OF SAINT MICHAEL
En este enlace puedes rezar el Rosario de San Miguel Arcángel en LATIN
Si prefieres leerla, también puedes descargar la oración en PDF.
Descarga tu GUÍA PARA UNA BUENA CONFESIÓN y ¡Confiésate bien!
*•.¸..✿..¸.•*
Volver al ÍNDICE DEL BLOG
Salve. Si te ayudó este contenido por favor compártelo, porque hacer el bien hace bien y espero conocerte en el Cielo. Ave María Purísima, sin pecado concebida santísima, corredentora y mediadora de todas las Gracias.
*•.¸..✿..¸.•*







Comentarios
Publicar un comentario