Benditas Ánimas del Purgatorio

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DEVOCIÓN A LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO


La devoción por las almas purgantes tiene una tradición de siglos, por lo que el Catecismo de la Iglesia Católica recoge de manera clara y concreta el propósito de este maravilloso don de Dios para Su Iglesia.

Lo importante es entender que Dios espera mucho de nosotros, respecto de quienes están en el camino del Reino. La alegría, o mejor dicho el consuelo, que inunda a las almas que reciben nuestros ruegos, no puede ser descripta con palabras.

Si supiéramos cuanto bien hace una Misa pedida por un alma, o una oración dicha con devoción, cambiaríamos totalmente nuestra opinión sobre el valor de los rezos. Dios nos ha dado todo lo necesario para que estemos unidos, los que aun vivimos en este mundo, con quienes esperan ser purificados, y quienes ya disfrutan de las eternas delicias.

Las almas purgantes esperan ansiosas que se aumenten las oraciones, la devoción sincera y la fe en Jesús como Único Salvador.

Orar por ellas es una demostración de fe en el Reino prometido por Jesús, es una prueba de amor por aquellos que más lo necesitan ya que nada pueden hacer por cuenta propia para acortar sus penas, y es un gesto de unión en la Comunión de los santos, de la iglesia peregrina en la tierra, con la iglesia purgante que está camino a la Iglesia Glorificada, la de los santos que estan en el Cielo.}


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El Catecismo de la Iglesia Catolica habla clara y expresamente sobre el Purgatorio. Reproducimos a continuación los principales segmentos que refieren la postura de nuestra Iglesia sobre tan importante aspecto del Plan de Dios.


Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).


La Purificación Final o Purgatorio. 

(1030) Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

(1031) La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

(1032) Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.


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Santa Faustina Kowalska, vidente que recibe de Jesus la devoción a la Divina Misericordia o el Jesús de la Misericordia recibe abundantes visiones y revelaciones sobre el Purgatorio, totalmente consistentes con el magisterio de la Iglesia. Aqui reproducimos un hermoso texto donde Jesús revela el motivo de la existencia de cielo, infierno y purgatorio, en una brevisima frase.

Del diario de Sor Faustina:

"Poco después me enfermé. La querida Madre Superiora me mandó de vacaciones junto con otras dos hermanas a Skolimów, muy cerquita de Varsovia. En aquel tiempo le pregunté a Jesús: ¿Por quien debo rezar todavía? Me contestó que la noche siguiente me haría conocer por quien debía rezar.

Vi al Ángel de la Guarda que me dijo seguirlo. En un momento me encontré en un lugar nebuloso, lleno de fuego y había allí una multitud de almas sufrientes. Estas almas estaban orando con gran fervor, pero sin eficacia para ellas mismas, solo nosotros podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban, a mi no me tocaban. Mi Ángel de la Guarda no me abandonó ni por un solo momento. Pregunté a estas almas ¿Cuál era su mayor tormento? Y me contestaron unánimemente que su mayor tormento era la añoranza de Dios. Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio. Las almas llaman a Maria “La Estrella del Mar”. Ella les trae alivio. Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir. Salimos de esa cárcel de sufrimiento. Oí una voz interior que me dijo: Mi Misericordia no lo desea, pero la Justicia lo exige. A partir de aquel momento me uno más estrechamente a las almas sufrientes."


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Oración de Santa Gertrudis para sacar 1,000 almas del Purgatorio 


Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del Purgatorio. Por todos los pecadores del mundo. Por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia. Amén.


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CORONILLA EN SUFRAGIO POR LAS BENDITAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO 


Jesús mío, por aquel copioso sudor de sangre que derramaste en el huerto de Getsemaní, ten piedad de las almas de mis parientes más cercanos que padecen en el Purgatorio.

1 Padre Nuestro 10 Avemaría. 1 Gloria. Dadles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.

Jesús mío, por las humillaciones y el agravio que sufriste en los tribunales hasta ser abofeteado, tratado como loco y pospuesto a un malhechor, ten piedad de las almas de nuestros difuntos que en el purgatorio esperan ser glorificadas en tu reino.

1 Padre Nuestro 10 Avemaría. 1 Gloria. Dadles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.

Jesús mío, por esa corona de punzantes espinas que traspasaron tu santísima sien, ten piedad del alma más abandonada y privada de sufragios, y de aquella que está aún lejos de ser liberada de las penas del Purgatorio.

1 Padre Nuestro 10 Avemaría. 1 Gloria. Dadles, Señor, el descanso eterno y brille paraellos la luz perpetua.

Jesús mío, por esos dolorosos pasos que recorriste con la cruz a cuestas,ten misericordia del alma que ya está por salir del Purgatorio. Y por las penas que soportaste junto a tu santísima Madre en el encuentro, camino al Calvario, libra de las penas del Purgatorio a las almas que fueron más devotas de esta Madre tan querida.

1 Padre Nuestro 10 Avemaría. 1 Gloria. Dadles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.

Jesús mío, por tu santísimo cuerpo extendido sobre la cruz, por tus santísimos pies y manos traspasados con duros clavos, por tu muerte cruel y por tu santísimo costado abierto por la lanza, te piedad y misericordia de esas pobres almas y admítela en tus dulcísimas moradas en el Cielo.

1 Padre Nuestro 10 Avemaría. 1 Gloria. Dadles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz que no tiene fin.


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¿CÓMO AYUDAR A LOS DIFUNTOS?


Para ayudar a los difuntos la Iglesia tiene el tesoro de las indulgencias. Es un tesoro espiritual que tiene la Iglesia.

Estas son las palabras que nos dejó el Padre Jorge Loring sobre las indulgencias y cómo ayudar a los difuntos.

"A mí me da pena cuando veo católicos que menosprecian las indulgencias. Prescinden de las indulgencias. Como si no existieran. Es despreciar un capitalazo espiritual. Yo digo una cosa: si la Iglesia legisla sobre las indulgencias, es porque son una realidad. La Iglesia no nos va a engañar. Cuando la Iglesia dispone, reforma y aplica las indulgencias, es porque esto es una realidad.

No vamos a pensar que la Iglesia nos está engañando, y nos habla de una cosa que es pura imaginación. Y la Iglesia legisla sobre las indulgencias.

Acaba de hacer una reforma de las indulgencias. En esta reforma de las indulgencias que ha hecho la Iglesia, ha quitado aquello que decíamos antes:

«Trescientos días de indulgencia», «Siete años de indulgencia». Aquello lo ha quitado porque se prestaba a confusiones. La gente se creía que esos trescientos días eran trescientos días de purgatorio. Realmente no era eso.

Era otra cosa más complicada. Prescindo. No digo lo que había antes, que lo han reformado, sino lo que hay ahora.

Hoy la Iglesia ha dejado dos tipos de indulgencia: INDULGENCIA PARCIAL e INDULGENCIA PLENARIA. Y nada más.


¿Qué es la Indulgencia Parcial?

Lo voy a explicar de modo que me entendáis, no con las palabras teológicas y técnicas.

Indulgencia parcial significa que la Iglesia me duplica mi mérito. Lo multiplica por dos. 

Si yo doy un beso a una medalla, ese beso vale según mi fervor. Si yo doy un beso muy frío, vale mucho menos que si doy un beso fervoroso. Entonces el valor de mi beso a la medalla, a la estampa, al crucifijo, a la Virgen, el valor de mi beso en orden a la vida eterna, depende de mi fervor. Si este objeto está indulgenciado con indulgencia parcial, se merece el doble. El fervor que yo pongo, se multiplica por dos.

Ésa es la indulgencia parcial.




Les comparto el video de la Conferencia pronunciada a los Socios del Apostolado de la Oración de Cádiz CÓMO AYUDAR A LOS DIFUNTOS





¿Y qué es Indulgencia Plenaria?

lndulgencia plenaria es que suprime el purgatorio. Si la gana un moribundo no pasa por el purgatorio. Si la aplicamos a uno que está en el purgatorio, sale del purgatorio.

Primero, hay que decirlo, porque no todo el mundo lo sabe, el purgatorio es dogma de fe. La existencia del purgatorio es dogma de fe. La gente se cree que el purgatorio es lo mismo que el limbo. ¡No señor! El limbo no es dogma de fe y el purgatorio, sí. Está definido en los Concilios de Lyón y de Florencia.

San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Pues si podemos ayudar a los difuntos, es a los del purgatorio. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada.

Por lo tanto, si podemos ayudar a los difuntos, es a los que están en el purgatorio.


El Purgatorio es Dogma de Fe.

El alma que está en el purgatorio, sufre mucho; pero no le sirve a sí misma. No puede merecer para sí. El tiempo de mérito es la Tierra. En la vida terrena podemos merecer, para bien o para mal. Pero una vez que se acaba la vida, con la muerte, ya no se merece más. En el purgatorio, no se puede merecer. Pero nosotros podemos merecer para ellos. Les podemos aplicar una indulgencia plenaria.


¿Qué significa que yo gane para ellos una indulgencia plenariaQue los saco del purgatorio.


Voy a explicar esto un poco más, en plan popular. Me gusta siempre buscar ejemplos que se entiendan.


¿Qué es eso de la indulgencia plenaria? 

Con la indulgencia plenaria se te quitan las cicatrices que dejaron en tu alma los pecados cometidos. Tú cometes un pecado mortal, y es una herida mortal. Esa herida mata tu alma.

Si no te arrepientes, te condenas. Si te confiesas del pecado mortal, y se te cura la herida, ya no te condenas.

Te han cerrado la herida, te han curado la herida; pero te han dejado una cicatriz. Los pecados perdonados dejan cicatrices, y de esas cicatrices te purificas en el purgatorio, antes de entrar en el cielo; porque en el cielo no puedes entrar con el rostro lleno de cicatrices. En el cielo hay que entrar presentable.


Os voy a contar una anécdota.

Conozco yo a una señora, muy elegante. Tuvo un accidente de coche y se hizo una tremenda cicatriz en la cara, que la afeaba enormemente. Y yo no sé qué tratamiento de belleza, qué masaje eléctrico, yo no sé cómo se las arregló, que hoy no tiene cicatriz. Yo, porque lo sé, veo la cicatriz. Pero sólo le queda una leve línea. Se ha sometido a un tratamiento de belleza, y le han quitado la cicatriz. Y ahora ha recuperado la belleza que tenía antes.

Eso es el purgatorio: un tratamiento de belleza para el alma. Ese alma que está llena de cicatrices por todos los pecados mortales perdonados, pero que han dejado cicatrices. En el purgatorio, se purifican las cicatrices, se limpian las cicatrices, desaparecen las cicatrices. Y ya puedes entrar en el cielo presentable, que es cómo hay que entrar en el cielo.


Pues esta indulgencia plenaria, yo la puedo ganar o para mí, o para otro.

¿La puedo ganar para mí? Sí señor. Pero hay un problema. Para que yo gane una indulgencia plenaria para mí, tengo que tener total aborrecimiento de todo desorden. Porque si yo tengo un afecto desordenado, ya estoy mereciendo el purgatorio. Quizás, no infierno; pero por lo menos purgatorio. Porque tengo un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, no gano la indulgencia plenaria para mí.

Pero si yo aplico a otro una indulgencia plenaria, no importa que yo tenga un afecto desordenado. Si yo tengo un afecto desordenado, ya lo pagaré en el purgatorio. Pero, ¿qué culpa tiene el otro? Yo puedo ganar una indulgencia plenaria y aplicársela a otro. Es mucho más fácil ganar la indulgencia plenaria para otro, que para uno mismo. Para uno mismo es mucho más difícil.

Pero para otro, facilísimo. Basta con hacer la obra indulgenciada y poner las condiciones.


En la reforma de indulgencias han quitado las indulgencias plenarias diarias, que había muchas, y han dejado cuatro. Nada más que cuatro. Que son: rezar el rosario en común o delante del Sagrario; media hora de oración delante del Santísimo; media hora de lectura de Biblia; y hacer el Vía-Crucis. Cualquiera de estas cuatro cosas tiene indulgencia plenaria cada día.


Una de las reformas es que sólo se puede ganar una indulgencia plenaria al día. Antes había las «Toties quoties» como la Porciúncula: que podías ganar un montón de indulgencias plenarias en un día. Ahora no. La Iglesia ha decidido dejar una sola plenaria al día.


El VIA CRUCIS, que es lo que yo hago todos los días, es rapidísimo de hacer. Yo no sé si tardo cinco minutos. No tardo más. En el Vía-Crucis no hay que pararse en las catorce estaciones. Ni rezar una cosa en cada estación. Basta recorrer las estaciones pensando en la Pasión. Y en una capilla pequeña, como la que tenemos los jesuitas en nuestras casas, la capilla la recorro en cinco minutos. En cinco minutos recorro, meditando en la Pasión, las estaciones del Vía-Crucis. Muy sencillo. Y gano la indulgencia plenaria.


Hacer la obra indulgenciada y después, ¿qué condiciones? Pues hay que confesar los ocho días antes o los ocho días después. Si confieso cada quince días, vale. Una comunión por cada indulgencia plenaria. Si comulgo todos los días, vale. Hay que rezar algo por el Papa. Un padrenuestro por las intenciones del Papa, que lo rezamos siempre, después del rosario o después del Vía-Crucis.


Fijaos que las condiciones no pueden ser más sencillas. Si yo todos los días hago un acto que tenga indulgencia plenaria, yo puedo sacar un alma del purgatorio cada día. Fijaos si esto no es fenomenal. Basta que me preocupe de rezar el rosario delante del Santísimo o en común; media hora de oración delante del Santísimo, que lo hacen montones de personas; leer la Biblia durante media hora o el Vía-Crucis. Con que te preocupes un poquitín, puedes sacar del purgatorio un alma al día.


Fijaos si esto no es una obra de caridad impresionante. Y después lo que significa tener en el cielo ese ejército de amigos que saben que tú los sacaste del purgatorio. Fíjate cómo estarán pidiendo a Dios por tus necesidades.


Esto que digo, de preocuparse de las almas del purgatorio, me parece interesantísimo, por lo que tiene de caridad. Podemos aplicarla a un ser querido; pero también podemos dejarla en manos de Dios y de la Virgen para que las apliquen a las almas más necesitadas del purgatorio.



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Hay una cosa que se llama «EL VOTO DE ÁNIMAS» que lo llaman «acto heroico de caridad». Yo, sinceramente, pienso que de heroicidad nada.


¿En qué consiste el voto de ánimas? No es voto, se llama así, pero no obliga bajo pecado. Y puede uno rectificarlo cuando quiera. Pero se llama «voto de ánimas». ¿Qué significa el voto de ánimas? Significa que yo renuncio a todos los méritos renunciables, porque hay méritos que son irrenunciables. En mis buenas obras, yo tengo méritos que son intransferibles. Pero hay otros méritos que yo puedo renunciar. Pues yo renuncio a todos los méritos que yo pueda renunciar, y los pongo en manos del Señor y de la Virgen, para que ellos los distribuyan entre las almas del purgatorio más necesitadas. Que ellos distribuyan como quieran los méritos míos.


Se llama «acto heroico de caridad», por lo que yo renuncio en favor de las almas del purgatorio. Pero yo digo: esto de heroico nada.

Porque si dice Cristo: «Los misericordiosos alcanzarán misericordia», y si por hacer yo este acto de misericordia, después voy a tener la misericordia de Dios para conmigo, ¿qué más quiero? Soy yo el que salgo ganando, haciendo un acto de misericordia. Porque Dios después tendrá misericordia conmigo.

Si yo renuncio a ese tesoro espiritual mío, que he ganado con mis buenas obras, si con esa pequeña renuncia de mis pobres obras, logro ayudar a tantas almas que suban a la gloria, y después se interesan por mí, decidme si no es fenomenal tener en el cielo ese ejército de amigos míos, que saben que yo les ayudé a entrar en la gloria. Lo que se van a preocupar por mí.

Por eso decía el Padre Eduardo Fernández Regatillo, S.I., que era un teólogo de gran notoriedad: «Muchas personas de gran categoría espiritual y teológica, han hecho el voto de ánimas».

Basta que un día en la misa se haga este ofrecimiento: «Señor, te ofrezco todo lo que yo pueda renunciar, en beneficio de las almas del purgatorio».


¡Los misericordiosos alcanzarán misericordia!


A ver si os animáis a ayudar a los moribundos y a las almas del purgatorio. Que vosotros saldréis ganando. Y ellos también.


Muchas gracias.


EL PADRE JORGE LORING S.I.


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El Padre Jorge Loring entregó su alma a Dios el 25 de diciembre del 2013 (+), el día de la Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor, fecha especial que fue un regalo de Dios para un buen sacerdote que nos ha dejado un legado muy grande.


Su libro PARA SALVARTE tiene miles de copias vendidas y ha sacado del ateísmo a muchos de sus lectores.


Ora por Nosotros Padre Loring.


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DEVOCIÓN DE LOS CIEN RÉQUIEM EN SUFRAGIO DE LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO


Esta piadosa devoción carmelita es antigua y muy efectiva para ayudar a las Benditas Almas del Purgatorio. Es una oración sencilla que fácilmente puede hacerse a diario en beneficio de las Benditas Almas del Purgatorio.

No existe comparación entre este sufrimiento y las penas del infierno. El purgatorio es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios.

Deben saber que el ofrecimiento desinteresado que uno hace por las Benditas Almas del Purgatorio es tan valioso para Dios que, aún pidiendo solo por aquellos que no conoces, Dios le concede Sus Gracias también a tus familiares, amigos y conocidos. Por ello, les recomiendo pedir por todas las Benditas Almas del Purgatorio y no solo por sus familiares, pidan por todas en general, que Dios sabe a qué alma darle Sus Gracias dado que hay muchas almas por las que nadie reza, ya sea porque sus familiares no creen en Dios o porque -como muchos hoy en día- creen que después de muerto uno llega automáticamente al Cielo por la infinita misericordia de Dios, y pues, en el Cielo ya no necesita ni oraciones ni Santa Misa; finalmente Dios dará Sus Gracias a las almas más necesitadas y a aquellas que a ustedes más le interesan, pero necesita de nosotros para poder concederlas puesto que las Benditas Almas del Purgatorio no pueden rezar por ellas mismas, pueden pedir a Dios por ti, por sus familiares, pero no por ellas mismas.

Al no tener su oración eficacia sobre ellas mismas, no pueden salir del Purgatorio, es por ello, que nos corresponde a nosotros los vivos rezar por ellas. Con ayuda de sus oraciones, la Santa Misa y los sufrimientos que ofrezcan por ellas les serán de mucha utilidad para purgar más rápido sus faltas y alcanzar pronto la Luz Perpetua. En esto se basa la comunión de los santos, en que todos los santos del Cielo, las almas del Purgatorio y de fieles que aún peregrinamos en la Tierra, nos encontramos unidos en común unión con Jesucristo. 

Los santos del Cielo interceden por los vivos en la Tierra; los fieles en la Tierra ofrecen sus oraciones, la Santa Misa y sus penitencias y sufrimientos por los difuntos que se encuentran en el Purgatorio y se encomiendan a la intercesión de los Santos; los difuntos en el Purgatorio también interceden y ofrecen sus oraciones en favor nuestro.


Las Benditas Almas deben permanecer el tiempo indicado por Dios en el Purgatorio hasta que hayan purgado todo aquello que les impide estar en presencia de Dios. Esta decisión divina es resultado del juicio personal de cada alma. Para algunos son días, semanas, meses, años o hasta el final de los tiempos, pero debido al sufrimiento que ahí se padece a causa del conocimiento de Dios pero no poder verlo ni estar en Su presencia todavía, es que un minuto en el Purgatorio parece una eternidad.


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El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña la doctrina acerca de la existencia del Purgatorio.

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación,sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820: 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquél que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro(San Gregorio Magno, dial. 4, 39).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5).

1472. “Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el  pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios  y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna”  del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las  criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en  el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la “pena  temporal” del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de  venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza  misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la  total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena”.


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No existe ningún Santo que hoy esté en los altares de la Iglesia que no haya ofrecido sus oraciones, sufrimientos o la Santa Misa para aliviar el sufrimiento de las Benditas Almas del Purgatorio.

San Efrén (306-373) en su testamento deja indicado: “En el trigésimo de mi muerte acordáos de mí, hermanos, en las oraciones. Los muertos reciben ayuda por las oraciones hechas por los vivos“ (Testamentum).

San Agustín (354-430):  “Durante el tiempo que media entre la muerte del hombre y la resurrección final, las almas quedan retenidas en lugares recónditos, según es digna cada una de reposo o de castigo, conforme a lo que hubiere merecido cuando vivía en la carne. Y no se puede negar que las almas de los difuntos reciben alivio por la piedad de sus parientes vivos, cuando por ellas se ofrece el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia” (Enquiridión, 109-110: PL 40,283).

Santa Catalina de Bolonia (1413-1463) (religiosa Clarisa, mística, autora espiritual y artista) dejó escrito, que muchas veces se obtiene más fácilmente las gracias que deseamos por medio de las almas buenas que están el purgatorio, que por la intercesión de los santos.


Santa Gema Galgani (1878-1903) tenía hecho el voto de ánimas a favor de las almas del purgatorio y todos los días pedía especialmente por ellas. 

Cuando murió la religiosa pasionista Madre María Teresa, el 16 de julio de 1900, Santa Gema Galgani rezó mucho por su alma. 

Dice en su Diario: “Hoy el ángel de la guarda me ha dicho que Jesús quería que sufriera esta noche unas dos horas… por un alma del purgatorio. Sufrí, de hecho, dos horas como quería Jesús por la Madre María Teresa” (9-8-1900). 

“El día de la Asunción de María me pareció que me tocaban en la espalda. Me di media vuelta y vi a mi lado una persona vestida de blanco. Esta persona me preguntó: ¿Me conoces? Yo soy la Madre María Teresa. He venido para darte gracias por lo que me has ayudado." Prosigue aún. "Unos días más y estaré eternamente feliz."

"Finalmente, ayer por la mañana, después de la santa comunión, Jesús me dijo que hoy, después de medianoche volaría al cielo; efectivamente, así fue… Vi llegar a la Madre María Teresa acompañada de su ángel de la guarda. Me dijo que su purgatorio había terminado y que se iba al cielo… Estaba muy contenta ¡Si la hubiera visto! Vinieron a buscarla Jesús y su ángel de la guarda. Y Jesús al recibirla le dijo: Ven, oh alma, que me has sido tan querida. Y se la llevó” (Cartas a Mons. Volpi, 10-8-1900).


Santa Gema Galgani rezaba cada día Cien Réquiem por las almas del purgatorio. Su ángel la estimulaba en este deseo de liberar a estas almas. Un día le dijo: “Cuánto tiempo hace que no has rogado por las almas del purgatorio? Desde la mañana no había rogado por ellas. Me dijo que le gustaría que, cualquier cosa que sufriera, la ofreciera por las almas del purgatorio. Todo pequeño sufrimiento las alivia, sí, hija, todo sacrificio por pequeño que sea, las alivia” (Diario, 6-8-1900).


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Santa María Magdalena de Pazzi (1566-1607) (religiosa carmelita, gran mística que frecuentemente caía en éxtasis) Durante un éxtasis previo a su muerte Santa Magdalena de Pazzi tuvo la gracia de ver y visitar el Purgatorio. Recorriendo las diversas estancias preparadas por la Misericordia y Justicia divinas, la santa de la pureza comprendió la Santidad de Dios, la maldad del pecado y del porque Dios le había revelado los sufrimientos del Purgatorio.

He aquí cómo la Santa nos describe este santo lugar.

Contaré un suceso que aconteció a Santa Magdalena de Pazzi tal como fue relatado por el Padre Cepari en la historia de la vida de la Santa.

Un tiempo antes de su muerte, que tuvo lugar en 1607, la sierva de Dios, Magdalena de Pazzi, se encontraba una noche con varias religiosas en el jardín del convento, cuando entró en éxtasis y vio el Purgatorio abierto ente ella. Al mismo tiempo, como ella contó después, una voz la invitó a visitar todas las prisiones de la Justicia Divina, y a ver cuan merecedoras de compasión son esas almas allí detenidas.

En ese momento se la oyó decir: “Si, iré”. Consintió así a llevar a cabo el penoso viaje. De hecho a partir de entonces caminó durante dos horas alrededor del jardín, que era muy grande, parando de tiempo en tiempo. Cada vez que interrumpía su caminata, contemplaba atentamente los sufrimientos que le mostraban. Las religiosas vieron entonces que, compadecida, retorcía sus manos, su rostro se volvió pálido y su cuerpo se arqueó bajo el peso del sufrimiento, en presencia del terrible espectáculo al que se hallaba confrontada.

Entonces comenzó a lamentarse en voz alta, “¡Misericordia, Dios mío, misericordia! Desciende, oh Preciosa Sangre y libera a estas almas de su prisión. ¡Pobres almas! Sufren tan cruelmente, y aún así están contentas y alegres. Los calabozos de los mártires en comparación con esto eran jardines de delicias. Aunque hay otras en mayores profundidades. Cuan feliz debo estimarme al no estar obligada a bajar hasta allí."

Sin embargo descendió después, porque se vio forzada a continuar su camino. Cuando hubo dado algunos pasos, paró aterrorizada y, suspirando profundamente, exclamó "¡Qué! ¡Religiosos también en esta horrenda morada! ¡Buen Dios! ¡Como son atormentados! ¡Oh, Señor!”. Ella no explicó la naturaleza de sus sufrimientos, pero el horror que manifestó en contemplarles le causaba suspiros a cada paso. Pasó de allí a lugares menos tristes. Eran calabozos de las almas simples y de los niños que habían caído en muchas faltas por ignorancia. Sus tormentos le parecieron a la santa mucho más soportables que los anteriores. Allí solo había hielo y fuego. Y notó que las almas tenían a sus Ángeles guardianes con ellas, pero vio también demonios de horribles formas que acrecentaban sus sufrimientos.

Avanzando unos pocos pasos, vio almas todavía más desafortunadas que las pasadas, y entonces se oyó su lamento, “¡Oh! ¡Cuán horrible es este lugar; está lleno de espantosos demonios y horribles tormentos! ¿Quiénes, oh Dios mío, son las victimas de estas torturas? Están siendo atravesadas por afiladas espadas, y son cortadas en pedazos”. A esto se le respondió que eran almas cuya conducta había estado manchada por la hipocresía.

Avanzando un poquito más, vio una gran multitud de almas que eran golpeadas y aplastadas bajo una gran presión, y entendió que eran aquellas almas que habían sido impacientes y desobedientes en sus vidas. Mientras las contemplaba, su mirada, sus suspiros, todo en su actitud estaba cargada de compasión y terror.

Un momento después de su agitación aumentó, y pronunció una dolorosa exclamación. Era el calabozo de las mentiras el que se abría ante ella. Después de haberlo considerado atentamente, dijo, “Los mentirosos están confinados a este lugar de vecindad del Infierno, y sus sufrimientos son excesivamente grandes. Plomo fundido es vertido en sus bocas, los veo quemarse, y al mismo tiempo, temblar de frío”.

Luego fue a la prisión de aquellas almas que habían pecado por debilidad, y se le oyó decir: “Había pensado encontrarlas entre aquellas que pecaron por ignorancia, pero estaba equivocada: ustedes se queman en un fuego más intenso”.

Mas adelante, ella percibió almas que habían estado demasiado apegadas a los bienes de este mundo, y habían pecado de avaricia.

“Que ceguera”, dijo, "¡las de aquellos que buscan ansiosamente la fortuna perecedera! Aquellos cuyas antiguas riquezas no podían saciarlos suficientemente, están ahora atracados en los tormentos. Son derretidos como un metal en un horno”.

De allí pasó a un lugar donde las almas prisioneras eran las que se habían manchado de impureza. Ella las vio en tan sucio y pestilente calabozo, que la visión le produjo náuseas. Se volvió rápidamente para no ver tan horrible espectáculo.

Viendo a los ambiciosos y a los orgullosos, dijo “Contemplo a aquellos que deseaban brillar ante los hombres; ahora están condenados a vivir en esta espantosa oscuridad”.

Entonces le fueron mostradas las almas que tenían la culpa de ingratitud hacia Dios. Estas eran presas de innombrables tormentos y se encontraban ahogadas en un lago de plomo fundido, por haber secado con su ingratitud la fuente de la piedad.

Finalmente, en el último calabozo, ella vio aquellos que no se habían dado a un vicio en particular, sino que, por falta de vigilancia apropiada sobre si mismos, habían cometido faltas triviales. Allí observó que estas almas tenían que compartir el castigo de todos los vicios, en un grado moderado, porque esas faltas cometidas solo alguna vez las hacen menos culpables que aquellas que se cometen por hábito.

Después de esta última estación, la santa dejó el jardín, rogando a Dios nunca tener que volver a presenciar tan horrible espectáculo: ella sentía que no tendría fuerza para soportarlo. Su éxtasis continuó un poco mas y conversando con Jesús, se le oyó decir: “Dime, Señor, el porqué de tu designio de descubrirme esas terribles prisiones, de las cuales sabía tan poco y comprendía aun menos…” ¡Ah! ahora entiendo; deseaste darme el conocimiento de Tu infinita Santidad, para hacerme detestar mas y mas la menor mancha de pecado, que es tan abominable ante tus ojos”.


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Pobres almas las de los católicos de hoy que creen que cuando un familiar fallece ya está con Dios -error en el que creen muchos sacerdotes también- ya que cuando estén en presencia de Dios el día de su juicio personal verán lo ciegos que han estado en su vida y ahí ya no podrán hacer nada: ni rezar por ellos mismos, ni ir a la Santa Misa, ni hacer alguna penitencia por ellos mismos, nada.

Lo que hayan hecho en vida les acompañará. Si no tienen obras, nada podrán presentar a Dios en este momento, y si por Gracia de Dios llegan al Purgatorio, ojalá hayan dejado en sus familiares la semilla de la fe para que sean ellos los que recen por ustedes y les ofrezcan la Santa Misa por sus almas. 

Ojalá, pues los sufrimientos en el Purgatorio son grandes, lo bueno es que son temporales y una vez ahí, todo dependerá de sus familiares y amigos que queden vivos… o de algún alma que rece por todas las Benditas Almas del Purgatorio… oración que finalmente les incluirá si sus familiares no lo hacen.


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MODO DE PRACTICAR ESTA PIADOSA DEVOCIÓN


Para hacer este ejercicio, cada uno puede servirse de un Rosario común de cinco decenas, recorriéndolo dos veces para formar las diez decenas, o sea la centena de Réquiem.


Se comienza:

Por la Señal + de la Santa Cruz, de nuestros + enemigos líbranos, Señor + Dios nuestro.


Se empieza rezando un Padrenuestro.


Luego, en cada cuenta grande se dirá la jaculatoria y ofrenda:


JACULATORIA

Almas santas, almas purgantes, rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos por vosotros para que El os dé la gloria del paraíso.


OFRENDA

Padre Eterno, os ofrecemos la sangre, pasión y muerte de Jesucristo, los dolores de la Santísima Virgen y los de San José, por la remisión de nuestros pecados, la libertad de las almas del Purgatorio y la conversión de los pecadores.


Y luego las decenas de Réquiem en esta forma:


Dadles, Señor, el eterno descanso y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.


En seguida se rezan la segunda y demás decenas de Réquiem sobre las cuentas pequeñas, repitiendo la jaculatoria y la ofrenda sobre cada cuenta grande.


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Acabadas las diez decenas, o sea la centena de Réquiem, se rezará:


DE PROFUNDIS


Salmo CXXIX de David


Desde el profundo abismo de mis penas

a Ti clamo, Señor, de noche y día;

oye, mi Dios, los incesantes ruegos

de un corazón contrito que se humilla.


Estén gratos y atentos tus oídos

a mi voz lamentable y dolorida:

a Ti mis ayes y gemidos lleguen

pues a escucharlos tu piedad se inclina.


¿Si siempre airado tus divinos ojos

sobre las culpas de los hombres fijas,

quién estará confiado en tu presencia,

confundiéndonos sólo ante tu vista?


Más la eterna palabra de tu seno

que aplaque espero tus terribles iras;

porque son inefables tus promesas

y con tus gracias pecador invitas.


Así aunque mi alma acongojada gime

contemplando el rigor de tu justicia,

por tu palabra la indulgencia espera,

de que la hacen culpas tan indigna.


¡Oh pueblo electo! De mañana y noche,

en todos tus peligros y fatigas,

acógete al Señor con la confianza

que en su ley soberana nos intima.


Porque es inagotable su clemencia;

se muestra con los flacos compasiva;

de todas sus miserias los redime,

y siempre que le claman los auxilia.


Este Dios abrevie el tiempo

en que logre Israel su eterna dicha

cuando de tus pecados la liberte,

que con tanto rigor la tiranizan.


Encomendémonos ahora a las almas del Purgatorio y digamos:


¡Almas benditas! nosotros hemos rogado por vosotros que sois tan amadas de Dios y estáis seguras de no poderlo más perder: rogadle por nosotros miserables que estamos en peligro de condenarnos para siempre.


¡Dulce Jesús, dad descanso eterno a las Benditas Almas del Purgatorio!


Esta oración de los Cien Réquiem es tan sencilla que puedes rezarla diariamente, pero recuerda que el mes de Noviembre es el mes especialmente dedicado a las Benditas Almas del Purgatorio. Aprovecha las Gracias que Dios concede por rezar por las Benditas Almas del Purgatorio y reza por ella.

Haz a otros lo que te gustaría que te hagan a ti. Mañana podrías ser tú quien necesite que alguien rece por tu alma purgante.



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EL VOTO DE ÁNIMAS: EL ACTO HERÓICO DE CARIDAD


Hay una cosa que se llama « El voto de ánimas» que lo llaman «acto heroico de caridad». Yo, sinceramente, pienso que de heroicidad nada.


¿En qué consiste el voto de ánimas? No es voto, se llama así, pero no obliga bajo pecado. Y puede uno rectificarlo cuando quiera. Pero se llama «voto de ánimas».

Qué significa el voto de ánimas? 

Significa que yo renuncio a todos los méritos renunciables, porque hay méritos que son irrenunciables. 

En mis buenas obras, yo tengo méritos que son intransferibles. Pero hay otros méritos que yo puedo renunciar. 

Pues yo renuncio a todos los méritos que yo pueda renunciar, y los pongo en manos del Señor y de la Santísima Virgen, para que ellos los distribuyan entre las almas del purgatorio más necesitadas. 

Que ellos distribuyan como quieran los méritos míos.

Se llama «acto heroico de caridad» por lo que yo renuncio en favor de las almas del purgatorio.

Pero yo digo: esto de heroico nada.

Porque si dice Cristo: «Los misericordiosos alcanzarán misericordia», y si por hacer yo este acto de misericordia, después voy a tener la misericordia de Dios para conmigo, ¿qué más quiero? Soy yo el que salgo ganando, haciendo un acto de misericordia. Porque Dios después tendrá misericordia conmigo.

Si yo renuncio a ese tesoro espiritual mío, que he ganado con mis buenas obras, si con esa pequeña renuncia de mis pobres obras, logro ayudar a tantas almas que suban a la gloria, y después se interesan por mí, decidme si no es fenomenal tener en el cielo ese ejército de amigos míos, que saben que yo les ayudé a entrar en la gloria.

Lo que se van a preocupar por mí.

Por eso decía el Padre Eduardo Fernández Regatillo, S.I., que era un teólogo de gran notoriedad: «Muchas personas de gran categoría espiritual y teológica, han hecho el voto de ánimas».

Basta que un día en la Santa Misa se haga este ofrecimiento: «Señor, te ofrezco todo lo que yo pueda renunciar, en beneficio de las almas del purgatorio». ¡Los misericordiosos alcanzarán misericordia!

A ver si os animáis a ayudar a los moribundos y a las almas del purgatorio. Que vosotros saldréis ganando. Y ellos también.

Muchas gracias.

PADRE JORGE LORING S.I.


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ORACIÓN POR LAS BENDITAS ALMAS DEL PURGATORIO

(del Padre Wilson Salazar)


Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis queridos padres y antepasados.

A cada invocación se contesta: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a mis hermanos y parientes. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a todos mis bienhechores espirituales y temporales. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que han sido mis amigos. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a cuantos debo amor y oración. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que han faltado contra mí. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a aquellos a quienes profesáis predilección. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que os desean más ardientemente. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que sufren más. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que están más lejos de su liberación. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que menos auxilio reciben. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que más méritos tienen por la Iglesia. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres. R: ¡Jesús mío, misericordia!

Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.

Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.

Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.

Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.

Ayudad a los tibios que muy poca oración han hecho.

Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.

Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.

Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.

Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.

Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.

Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.

Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el

cielo.

Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.

Ayudad a los que no dispusieron a tiempo de su casa, estando completamente

desprevenidos para el viaje más importante.

Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.

Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.

Ayudad a los obispos y sus consejeros. Ayudad a mis maestros y pastores de almas.

Ayudad a los finados sacerdotes de esta diócesis.

Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.

Ayudad a los defensores de la santa fe.

Ayudad a los caídos en los campos de batalla.

Ayudad a los sepultados en los mares.

Ayudad a los muertos repentinamente.

Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

V. Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.

R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.

V. Que en paz descansen.

R. Amén.



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Que Dios les conceda, a través del Arcángel San Miguel, las Gracias que necesiten.

Que Dios les conceda a todos la Gracia de una verdadera conversión y una sincera confesión.

Karla Rouillon Gallangos

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En este enlace puedes rezar el Rosario de San Miguel Arcángel en LATIN

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